Hace unos días, cuando todavía andaba dándole vueltas al tema del reconocimiento académico de blogs y estaba trabajando en mi proyecto final de master sobre uso de herramientas Web 2.0 en educación, me encontré con el blog de Kate Olson, profesora de secundaria en La Crosse, Wisconsin que habla sobre «educación, tecnología y otras cosas geekys». En el momento en que descubrí el blog, Kate se encontraba sumida en una terrible sensación de impotencia porque, aunque publicaba en su blog anónimamente, había leído acerca de algunas asociaciones educativas que aconsejaban a los profesores no escribir en blogs, empleadores que no debían dejar que sus empleados mantuvieran blogs, y escuelas impidiendo directamente cualquier acceso a blogs o cualquier cosa parecida (todo explicado con detalle en su post Hiding behind my blog), y le había empezado a entrar miedo porque su identidad podría ser descubierta y su actividad blogger no muy bien vista por sus superiores.

Y lo cierto es que nunca me había planteado mantener un blog anónimamente (es más, mis últimos movimientos muestran precisamente la tendencia contraria), pero después de conocer la experiencia de Kate descubrí mi convicción de que es bueno que los profesores mantengan blogs. Es bueno porque podemos conocer qué es lo que hacen otros profesores, porque los estudiantes pueden conocer qué es lo que nos interesa más allá de lo que tratamos en clase (muchas veces se sorprenden de que tengamos, simplemente, intereses personales), y porque me parece una estupenda manera de reflexionar junto con la blogosfera acerca de la propia actividad. Creo firmemente que todo esto debería entenderse como un compromiso por parte de los profesores, y desde luego es así como yo lo entiendo.

Parece que no soy la única, además: en Taller d3 ya han recopilado una buena cantidad de blogs de la Facultad de Comunicación de UPV-EHU, tanto de profesores como de estudiantes y ex-alumnos. Los blogs pueden ser una estupenda manera de cohesionar a la comunidad universitaria, y la creación de plataformas como Edublogs o Aulablog es una muestra de que hay por ahí quien lo considera interesante, y de que algo se está poniendo en marcha.

Afortunadamente, Kate habló con sus superiores y resultó que sus miedos eran completamente infundados, así que dejó de escribir anónimamente. Recibió apoyo de otros profesores bloggers como Vicki A. Davis que también aprovechó la coyuntura para explicar su propia filosofía acerca de publicar un blog como profesora y las ventajas que eso ha traído a su institución.

No tengo demasiado miedo a equivocarme con mi opinión, y de hecho estoy haciendo todo lo que puedo para concienciar a mis superiores no sólo de que el blog de un profesor puede realizar una aportación en muchos sentidos, sino de que es aún más interesante que lo hagan más profesores, más estudiantes, y más equipos de investigación. Estoy en ello, y creo que no va mal. Pero me gustaría conocer el punto de vista de cualquier blogger, profesor o profesor con blog y, sobre todo, de la otra parte: ¿algún estudiante por aquí? ¿Os resulta interesante, indiferente, enriquecedor poder leer el blog de vuestro(s) profesor(es)?

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